Munain hasta Griezman

No hace mucho, aunque va alejándose ese tiempo, el Atlético se analizaba en base a lo que mostraba la fase que más le definía. Lo que hacía en su campo tenía un significado más valorado y desde allí se construían las victorias y la confianza. He visto bien a mi equipo, cuando Simeone respondía, no era sino el reconocimiento de que la defensa posicional garantizaba muchas cosas. Más allá del desacierto, la idea miraba más a cómo defendía su propia mitad. En ese traspaso de importancias, el Atlético ganó recursos arriba y cedió fiabilidad atrás.

Ayer, Simeone se fue muy satisfecho de San Mamés tras su victoria ante los de Ziganda y a tenor de su once inicial y lo que sucedió en la segunda mitad, los análisis parecen tener una visión algo matizada con respecto al pasado. En el feudo vizcaíno, el Atlético venció más por lo que hizo en campo contrario, motivo por el que podría decirse que ver bien al Atlético tiene más en cuenta su capacidad para generar situaciones de gol y un ritmo ofensivo adecuado, ágil pero equilibrado, que comprobar su seguridad defensiva.
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Con Thomas y Saúl en la medular, el Athletic de Bilbao expuso ciertas dificultades colchoneras a la hora de mantener fundamentos básicos de su defensa organizada. El futbolista que se erigió por encima de todos para recibir, descargar y profundizar fue Iker Muniain, el tipo de futbolista que a los jóvenes mediocentros rojiblancos les cuesta tener vigilado y controlado. El menudo jugador navarro, en un estado de forma y rendimiento que parece haber llegado para quedarse, con un grado de iniciativa y conciencia muy alto, incidió en el lado de Thomas y la espalda de Saúl.
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El Atlético fue muy girado en cada recepción de Muniain, que se juntó con Balenziaga, Raúl e Iturraspe o San José para distraer, romper a portería y superar con facilidad la primera línea de cuatro del rival. Thomas y Saúl rara vez mantenían altura, saliendo a por la pelota en lugar de proteger su espacio, y si lo hacían, transmitían la sensación de que sólo podían ser útiles dentro del área, como ya ocurrió ante el Valencia. Al Athletic le fue relativamente sencillo ganar línea de fondo y meter hombres en la zona de Oblak.

Lo que ocurrió en la segunda parte, después de una primera que terminó muy abierta, como reclamando un punto de inflexión que no llegaba, es que el Atlético, que ya había encontrado ciertas oportunidades en la zona de Unai Nuñez, con gran potencial sacando la pelota pero aún verde midiendo el riesgo, demostró que tiene una calidad más que notable cuando el primer gesto cerca de la frontal tiene éxito, desde ahí, todos los jugadores saben moverse y asociarse en una acción seguida de otra, no tiene miedo a juntar a muchos, liderados por Griezmann, para crear ocasiones de gol. Es, quizás, la circunstancia que define mejor la virtud, antaño otra muy distinta, a este Atlético: es muy bueno creando ocasiones de gol.